lunes, 24 de diciembre de 2007

El problema es que me gusta demasiado el póquer.
Alguno se las dará de coupier, se repartirán las cartas y me veré triunfante.
Apostaré hasta la cabeza, no caeré en bluffs y mentiré lo mejor que pueda.
Tendré una escala real, y miraré a todos, satisfecha.
Y me va a ganar un par de tres. Me va a ganar, así como así, porque así son las reglas.
Odiaré al jugador. Y odiaré el juego.
Me quedaré sin fichas y volvere cabizbaja al solitario
hasta que se me ocurra que a veces las reglas se cumplen y es posible ganar
una buena mano (o que por lo menos me tome la mano).
Me tomaré hasta el agua del florero y volveré a gritar que nunca más,
que no creere los bluffs ni caeré en riesgos idiotas.
Que no dejaré que algún dios imbécil decida mis cartas esta vez.
Después se me va a olvidar, y voy a volver a sentarme en esa mesa redonda. Van a saber mis cartas, como siempre, y perderé (y esque siempre pierdo, con escala real y todo)
El problema es que me encanta todo del póquer, los jugadores, las jugadas y el juego.
Ahí está el problema.
Asique a repartir. No quiero cambios.

3 comentarios:

dola dijo...

go with flow always

hamaca dijo...

el otro día quería hablar contigo porque parece que a mi también se me olvidan las promesas que me he hecho. y te leo y aunque no sepa cómo jugar póquer, creo que tampoco quiero cambios, me gustan las mesas redondas casi tanto como a tí y creo que en octubre tu filamento perderá la mayoría de su invisibilidad.

(pd. mi papá me regaló plata. listo)

cami dijo...

ufff de póqueres y pereder con un par de tres una y otra vez, entiendo.

pero me fuerzo al cambio y hoy día desperte y saque descontroladamente todas las fotos y posters y compré pintura y le hice un remake a mi pieza.
(es una manera de empezar)