Después de lavarse las manos se dio cuenta. Todo estaba demasiado bien. No se había caído ningún plato, su mamá sonreía, satisfecha de verla tan perfeccionista, no había fallado ningún exámen, ninguna pregunta, ninguna arruga en la cama de domingo.
Siempre le habían dicho que de lo bueno poco.
Se largo a reir y quebró un plato contra el lavavajilla. Sintió, sin siquiera mirar hacia la mesa, las cejas de su mamá levantarse.
"De lo bueno, poco, mamá."
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