Hoydia estuve una hora y cuarto esperando la micro en lyon al lado de un metalero.
Por más que traté, no me pude enamorar ni de su antebrazo, ni de su rodilla, ni de su oreja izquierda (es cierto, no vi la derecha)
Aunque algo hubo. Senti atracción por su bip cuando me di cuenta que la que me había dado la Agustina no tenía plata. Ella cayó confiada en mis manos sin saber que yo quería usarla por un rato y luego olvidar toda promesa de amor.
Supli mi necesidad urgente y la dejé tirada en un bolsillo que, por el olor, debe haber tenido más cosas adentro que el locker de marco. (perdón marco) Y perdón bip.
Pero con el dueño, nada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comentarios:
te juro que te leo y me río fuerte.
Tambien te envidio un poco por no padecer del sindrome primaveral de enamorarse de antebrazos, pq imaginate el sufrimiento de cuando se bajo de la micro.
(y en todo caso, partir por amar la bip es un muy buen comienzo.)
Soy el lacho de las bip. Las uso con descaro y luego las dejo emborracharse en cunetas y nunca les respondo las llamadas perdidas.
Me gusta su ruido al pasar por la máquina, pero sólo coqueteo con ellas cuando quiero un favor.
Que aprendan nomás. Así se mueve el mundo.
.
Publicar un comentario